Experiencias e Historias
Una personalidad distinta al resto

Una personalidad distinta al resto

«No ser amados es una simple desventura; la verdadera desgracia es no amar»

Albert Camus

Capitulo I

Un amor a escondidas (1990)

¿Yo enamorarme de ti?, ¡Pfff!, fueron las palabras de aquella joven de personalidad dulce y engreída, cuando ese chico; delincuente, desaliñado, poco arreglado, sin estudios y sin vergüenza (eran los adjetivos con los cuales la madre de la chica se refería a él), expresó sus sentimientos hacia ella frente a sus amigas.

Un viejo refrán dice; <Nunca digas de esta agua no beberé, porque el camino es largo y te puede dar sed> y es que la vida da tantas vueltas que a veces nos hace tragar nuestras propias palabras. Sin importar los calificativos inculcados por aquella madre a su hija, bastó con la carismática personalidad y el hacerla reír para hacer de lado esos pensamientos, lograr su confianza y que el amor fluyera entre aquellos dos jóvenes.

Aunque la relación no sería aprobada por los padres de la chica, no podían frenar los sentimiento que habían forjado el uno con el otro, -¿Y a quien no le gusta lo prohibido?-, por lo tanto aquel amor solo podía ser consumado a escondidas.

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Consumación de un amor prohibido

-Una nueva personalidad-

Al no estar presente en las cenas familiares, los sonidos extraños en la casa a media noche, los cambios de hábitos, los cambios en su personalidad y las llegadas tarde a la casa no tardaron en hacer sospechar a su querida madre. -¿Quién puede libarse de la intuición de una madre?-

En una tarde del mes de septiembre, la familia se encontraba cenando pero las náuseas hicieron que la chica corriera repentinamente al baño, la madre asombrada por el incidente solo confirmo lo que había intuido. Corriendo detrás de su hija para verificar que había sucedido y que todo se encontraba bien, solo escucho a su hija vomitando al otro lado de la puerta.

Después de 10 minutos, pensando en que decir a su madre por aquel inexplicable suceso, se llenó de valor y salió.

-En la puerta del baño-

-¿Acaso estas embarazada?- cuestiono la madre al ver salir a su hija del baño. -¡No mama!-, respondió la chica tratando de evadir de alguna manera las preguntas de su madre. Entonces, -¿Que te ha pasado?- enfatizo la madre. Seguro me cayó mal la comida, respondió. ¡A mí no me engañas, Diana!, ¡No me quiero enterar que estas en un amorío con ese sin vergüenza y que además estés embarazada! amenazó la madre tras retirarse de nuevo a la sala del comedor.

Después del argumento de su madre, Diana solo se dirigió a su habitación, y se dejó caer en su cama. A pesar de la advertencia, Diana solo podía pensar en la interrogante que su madre señalo, -¿Estoy embarazada?- se cuestionó a sí misma. Esto no puede ser posible, mi mama me va a matar o peor aún, me botara de la casa.

Prueba de embarazo

La intriga carcomió la tranquilidad de Diana toda la noche, no pudo conciliar el sueño. Una prueba de embarazo sería la única respuesta a mi duda, pensó.

Fueron los 30 minutos más largos de su vida. El miedo y la angustia invadieron todo su cuerpo al mirar el resultado positivo arrojado por el test, -¿Ahora qué hago?- se preguntó Diana, su inexperiencia la hacía ignorante de las grandes consecuencias y responsabilidades que un embarazo traería para ella.

Toc, toc. Sonó la puerta del baño. ¡Diana!, ¿Estás ahí? se escuchó al otro lado de la puerta. ¡S, s, si mamá! respondió, escondiendo rápidamente la prueba mientras se abría la puerta. -¿Que estás haciendo?- dijo la madre. ¡Nada mama! respondió saliendo rápidamente del baño.

Lo hecho estaba hecho, no había vuelta atrás. No podía abortar al niño o niña no estaba en la naturaleza de ella hacerle daño a alguien. El embarazo debía tomar su curso, pero -¿Cómo podía ocultarlo de su familia?-.

Prueba de embarazo

¿Decisión u Obligación?

No podía dar más sospechas a su madre, era suficiente con tener que ocultar los cambios físicos que experimentaría a consecuencia del embarazo, tenía que volver a ser la misma de antes; no más salidas en la noche, no más llegadas tarde, no más ausencia en las reuniones familiares, debía enfocarse en mantener el secreto lo que pudiese.

Terminar su relación sentimental era lo mejor, alejarse sin dar explicaciones es lo más apropiado para no ver la herida emocional que sentiría aquel chico. Así se tenía que hacer no había de otra, eran jóvenes como podían salir adelante con esta nueva responsabilidad.

Los primeros tres meses fueron fáciles de ocultar el embarazo, el tiempo la obligo a usar métodos pocos saludables; una faja, vendas alrededor del abdomen y ropa holgada fueron los mejores aliados para pasar desapercibida, la desesperación por mantener el secreto pudo más que la misma razón. Pero ella sabía que no era suficiente, tarde o temprano el usar los métodos a los cuales había recurrido no podrían ayudarle. Notaba como una nueva personalidad estaba forjándose en ella. El cuarto mes de gestación se avecinaba fue el decisivo para tomar una drástica decisión, no podía dejar de pensar la golpiza que le esperaba si su madre se enteraba de lo que había hecho. No podía esperar más, una noche recogió todas sus cosas, el poco dinero que había conseguido trabajando como niñera y limpiando casas y decidió marcharse.

La verdad, tiene patas cortas

Baje con cautela las escaleras, las luces estaban apagadas. No quería que nadie notara que me estaba marchando, y mucho menos a donde me dirigía. Estaba a pocos metros de la puerta de salida, mire a todos lados para percatarme de que no estuviese nadie despierto.

Tome la manija de la puerta y la fui girando lentamente, la puerta cedió y poco a poco fui sacando el equipaje que llevaba conmigo. -¿Se puede saber a dónde vas?-, escuche una voz detrás de mí, sentí como los nervios se hicieron presente, gire en dirección a la voz. Todo estaba oscuro, no podía visualizar quien era, mi familia era numerosa solo podía rogar que fuera una de mis hermanas y no mi madre.

-Puerta de salida de la casa-

Te pregunte, ¿A dónde vas? o ¿quieres que todos nos escuchen?, era mi hermana mayor Lilia, era una chica alta, pelo negro, robusta, con una personalidad regia pero amorosa -Me voy de la casa-, respondí. -¿Acaso estás loca?-, -¿A dónde vas ir?-, ¡SSShhhh!, baja la voz Lilia, mi mama nos pue…

-¿Que hacen ustedes despiertas a estas horas de la noche y con la puerta abierta señoritas?-, nos interrumpieron mientras se encendió la luz. Era nuestra madre. Mi mama se caracterizaba por tener un carácter y un personalidad recia, y ni hablar de las palizas que nos proporcionaba por no obedecerla o contestarle. Sabíamos que lo hacía para educarnos, pero el miedo que sentíamos hacia ella era muy grande.

-¡Mamá!-, gritamos al unísono. Mi hermana se encontraba delante de mí mirando a mi madre y luego volteo en busca de respuesta para nuestra mama, la puerta estaba abierta de par en par. Al mirarme noto mi abdomen y lo poco pronunciado que estaba. Me miro y moviendo su boca pude leer lo que sus labios y expresión facial decían -¿Estas embarazada?-. -¿No me van a responder?- volvió a cuestionar nuestra madre.

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-Enfrentando la verdad-

No podía moverme, estaba completamente paralizada. Ehmm, Ehmm, -¿Porque estas tu levantada mami? fue lo que se le ocurrió responder a mi hermana, mientras trataba de ocultarme de mi mama. Ja, ja, ja, ¡Muy chistosa! respondió sarcásticamente nuestra madre. -¡Diana!, ¿Que hace esa maleta fuera de la casa?. -¿Estas yéndote de la casa?- dijo. Si, mama. Logre responder mientras daba un paso al costado para que pudiera verme.

Mi madre se acercaba lentamente mirándome y notando mi vientre. ¡No puede ser, estas embarazada! exclamo mi madre tratando de darme un manotazo, mientras mi hermana interrumpía su movimiento. ¡No le pegues mamá! dijo mi hermana.

¿Cómo es posible Diana?, ¡Te lo dije!, pero no haces caso. Sabía que ese sin vergüenza solo te quería para esto. ¡Si! ¿Pensaste que no me di cuenta?, ¿Pensaste que no sabía de tu amorío con ese bueno para nada?, tu cambio repentino de personalidad, ¡HIJA!, -todo lo que te decía lo hacía por tu bien, pero tú solo hiciste lo contrario de lo que te decía- eran todas las expresiones que puedo recordar de que mi madre repetía. Basta pocos minutos para que todos en la casa escucharan el escándalo que mi mama había armado al enterarse de mi embarazo.

La decepción de la familia

En efecto, toda la familia de Diana se había enterado de su secreto esa noche, después de los regaños, insultos y reproche por parte de su mama y sentir la mirada de desaprobación de su padrastro y hermanos solo podía mantener la cabeza abajo, guardar silencio y esperar la decisión de su madre. -Diana, vete a tu cuarto- dijo su padrastro mientras trataba de controlar la personalidad enfurecida de su madre.

Me levante de mi asiento sin dirigir la mirada a ninguno de los que se encontraban en la sala, junto a mi estaba Lilia, sentí que se levantó y escuche, -Vamos, te acompaño-. Fui en dirección a las escalera que llevaban a mi habitación junto a mi hermana, subimos las escaleras hasta alcanzar el primer piso y caminamos hasta la puerta de mi recamara. Gire la manilla y entramos, Vi mi cama, y me deje caer en ella boca arriba y emitiendo un gran suspiro. Mi hermana lentamente se sentó en mi cama y mirándome:

-En mi cuarto-

-Debió ser frustrante, haber interrumpido tu gran escape, ¿No?- dijo con intención de animarme, la mire le sonreí un poco, cuando lentamente sentí como las ganas de llorar se apoderaban de mí. Estirando su brazo y haciendo señales de que me sentara mi hermana me abrazo diciendo, todo estará bien, tienes una personalidad fuerte, mañana será otro día, además no le hace bien a mi sobrino. -No sé en qué estaba pensando-, murmure. Tranquila, dijo ella. Un hijo es mucha responsabilidad, no podre mantenerlo, no podre darle una buena vida, ¿dónde voy vivir con él?, nunca termine mis estudio, no, no, no sé.

-Sugerencia de mi hermana-

Cálmate, -¿Le has dicho a el?- me interrumpió mi hermana. Levantando la mirada dije: ¡No!, pensé que lo mejor era alejarme y no dar explicaciones, y ¿Para qué? -Pues, ambos están metido en esto, creo que debería saberlo, ademas creo que tiene una personalidad muy noble- enfatizo.

Tengo casi cuatro meses sin saber nada de él. -Si, lo sé-, dijo mi hermana mirándome. Durante este tiempo me ha preguntado por ti, continuo diciendo mi hermana, solo pensé que habían tenido una discusión y habían terminado la relación, pero sabía que algo andaba mal, termino mi hermana. Mi hermana se levantó de la cama, camino hacia la puerta no sin antes decirme, -Duerme, descansa un poco y recuerda lo que te dije-. Cerró la puerta y se marchó.

Me quede un momento sentada en mi cama pensando lo que había comentado mi hermana, -Tal vez, tiene razón-, pensé. Me puse de pies secándome las lágrimas, camine hacia mi mesa de noche y me mire al espejo, tenía los ojos rojos y un poco inflamados por estar llorando. Quite la coleta que sujetaba mi cabello y lo sacudí un poco, use mis manos como un peine para acomodarlo, volví a mirarme al espejo y me dije: -Tienes que salir adelante-, mire mi abdomen y lo acaricie un poco y -Lo haré por ti-.

-Una ducha para relajarme-

Tome la toalla, mi pijama, mi jabón de tocador y champú, había decidido tomar una ducha antes de acostarme para relajar mi cuerpo. Antes de salir de la habitación mire hacia ambos lados para cerciorarme que nadie estuviese despierto y me viera (lo bueno de mi habitación es que está al frente del baño), salí de la habitación y me apresure a entrar al baño, después de haber entrado encendí la luz cerrando la puerta y coloque el seguro. Colgué mi toalla en el perchero y mis cosas en la toilette, me quite la ropa y entre a la ducha.

-En la ducha 2:00 a.m.-

Se sentía tan bien el agua caer en mi cuerpo, sentía como la tensión desaparecía. Era una noche de verano hacía un poco de calor en las noches así que no era necesario encender la calefacción. Mantenía mis ojos cerrados y solo dejaba que el agua recorriera mi cuerpo desde la cabeza hasta los pies. Mis oídos se agudizaron al escuchar un ruido, asome mi cabeza tras mover la puerta corrediza de la ducha.

No había nadie, quizás solo fue afuera, razoné. Metí de nuevo la cabeza a la ducha y cerré la puerta. Cerré de nuevo mis ojos y continué concentrada en la caída del agua en mi cara. Después de un rato, tenia la sensación de que alguien me miraba, fui abriendo lentamente mis ojos mientras el agua seguía cayendo, cuando creí ver una silueta de una persona detrás de la puerta transparente de la ducha, rápidamente volví a sacar la cabeza después de mover la puerta, mire y no había nadie, -Que carajos- pensé.

-¿Cansancio o realidad?-

Me dispuse a cerrar la ducha. Tome la toalla que colgué en el perchero y fui secando un poco mi cara, pensando en lo que había sucedido hace rato, -Estoy cansada- me dije en señal de eliminar mis nervios. Termine de secarme, salí de la ducha, tome mis cosas, camine hacia la puerta del baño, trate de abrir la puerta lo más delicada posible para no hacer ningún ruido y despertar a los demás.

Antes de salir mire al lado derecho (al final del pasillo estaba el cuarto de mi madre, en la misma dirección y al lado del baño se encontraba la habitación de Lilia y frente a ella la de mi hermana Marta era parecida a mi hermana Lilia físicamente, pero con una personalidad amorosa, era la mayor de todos mis hermanos), mire a la izquierda y alcance a ver una silueta terminando de bajar las escalera y girando en dirección al comedor. Los nervios reinaban en mi cuerpo, solo pude emitir un ligero sonido y caminando en dirección de la escaleras dije casi susurrando -¿Lilia eres tú?-, Miré hacia abajo y vi que la silueta ya no se encontraba allí. Salí corriendo a mi habitación y cerré mi puerta.

-De nuevo en el cuarto-

Apoyada en la puerta, solo pude pensar; De verdad debo estar muy cansada y estresada, estoy imaginando cosas.

No tuve tiempo ni para colocarme mi pijama, termine de secarme un poco más y me coloque mi pijama, camine a mi mesa de noche, tome mi cepillo y comencé a cepillar mi cabello, lo desenrede mirándome al espejo, listo, a dormir. Pude controlar un poco mis nervios, camine a mi cama, me acosté y despacio me arrope. Al menos el susto me había distraído de mi realidad pero fue corto el tiempo para que la angustia invadiera mi cuerpo de nuevo. Trate de calmar mis pensamientos, respire profundamente, cerré mis ojos, y poco a poco pude conciliar el sueño.

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