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Coronavirus – lejos de casa II parte

Coronavirus – lejos de casa II parte

Este post es el segundo de una historia personal acerca de como hemos vivido el Coronavirus – Viviendo una pandemia lejos de casa – II Parte

La perdida del olfato y el gusto fueron los próximos síntomas que confirmaron la presencia del virus en el organismo de mi padre, dando paso a un posible contagio no solo a mi madre sino al resto de la familia. Aunque la norma dictada por los organismo oficiales de la salud es acudir a un centro medico cuando se presente la dificultad respiratoria, habíamos tomado la decisión de no acudir a ninguno.

-¿Las razones?-, pues basados en nuestra situación económica resultante por la pandemia, solo podíamos acudir a un hospital publico y debido a la situación, un hospital es el principal foco masivo de contagios, y honestamente no sabíamos el trato que recibiríamos y si por lo menos mi papa llegaría a ser atendido. 

Días en ascenso

Alcanzamos el día 4, la preocupación carcomía poco a poco nuestra tranquilidad, por un lado estaba la evolución de mi padre y por el otro la vigilancia constante de la sintomatología que pudiese desarrollar mi mama. Al no tener acceso medico, todo nos convertimos en activos buscadores, lectores y consultores de información, cada dato recopilado era importante, desde la web, historias de como conocidos habían vencido la enfermedad en sus casas, los cuidados que tuvieron, remedios utilizados y demás información que fuera útil para nosotros debía ser recopilada.

El desasosiego nos hizo olvidar por un momento que el resto de la familia joven también era propenso a desarrollar síntomas, siendo mi pareja el próximo a desarrollar algunos de ellos.

-Aunque mi hermana, su esposo, mi pareja y yo, somos jóvenes y contamos con buena «salud», no estamos exentos de esta enfermedad. También debemos tener presente que no todos los cuerpos reaccionan igual, por tal motivo no podíamos confiarnos de nuestra salud-.

Acumulación de gastos

Se notaba a lo lejos que una gran deuda económica se avecinaba, el primer mes de cuarentena había llegado a su fin, pero no era suficiente para frenar el avance en los contagiados, las personas no acataban del todo el aislamiento era como imaginar encender un cerillo, en un lugar rociado de gasolina. 

El gobierno tomo medidas, presentando un nuevo mes de restricción social obligatoria, entrego ayudas económicas, plazo para pagos de dudas, canastas con alimentos y demás beneficios sociales, con tal de mantener a los ciudadanos en sus casas y en efecto solo debías cumplir un requisito para acceder a esos beneficios: ser ciudadano nacional.

Tenia muy claro la posición que representa un extranjero para un país, sinceramente cuando tome la decisión de que debía emigrar fue lo primero que pensé, analice y temía, en cierto punto tiene lógica, vivimos en un mundo construido por la codicia del hombre. Cabe destacar que no salí de mi país por mi propia voluntad, la necesidad me obligo hacerlo, tal vez por eso he aprendido a prever cada situación que pueda ocurrirnos.

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-En fin, creo que ese tema necesita una historia propia-

Un gasto fijo en acumulación


Un mes de alquiler tocaba la puerta, la posibilidades de pagarlo se veían borroso, los gastos eléctricos, gas, agua, Internet (es un gasto innecesario, pero era de vital importancia para mi trabajo) comida y medicinas, podían ser costeados, pero con un solo integrante de la familia trabajando no era lo suficiente para pagar lo demás (Mi cuñado en términos de responsabilidad tuvo que suspender su asistencia al trabajo para no contagiar al resto de los trabajadores). 

Cuando una enfermedad obliga al mundo entero a detenerse, es fácil pensar que la economía mundial ira cuesta abajo, evaluando de esta manera la capacidad de respuesta de cada país, y también revelando los «problemas ocultos» disfrazados por los políticos con un «todo esta bien». La viveza criolla también tomo parte en la situación, podías notarla cuando salias a abastecerte de alimentos, medicina, o lamentablemente cuando veía en las noticias locales, como personas se quejaban de la alza de precios en la venta de oxigeno para pacientes en estado grave por la enfermedad, cada día los precios aumentaban y hacían que nuestros ingresos se redujeran aun mas.

En términos económicos quizás podrían pensar en que es normal una inflación consecuente de la misma situación, y si, es cierto, pero la viveza criolla va mas allá y puede evidenciarse cuando juegas y te beneficias con el dolor y la necesidad de las demás personas.

«Teníamos la opción de pagar después el alquiler, pero la obligación no se extinguía, seguía aumentando cada mes»

¿Pacientes asintomático de coronavirus?

Quinto día, La evolución de la salud de mi padre solo decaía un poco en: dolor de garganta y en la perdida del olfato y el sentido del gusto, la fiebre había cesado, tal vez por cada uno de los analgésicos, antibióticos, infusiones y cantidad de los remedios llamados caseros usados para aliviar y no permitir que agravaran los síntomas.

Por otro lado mi pareja solo perdió el olfato, podía ser testigo de como no podía percibir ni el olor mas fuerte, ejemplo el olor característico de la lejía o cloro. Era evidente que todos estábamos contagiados, y pudimos concluir que mi hermana, su esposo y yo eramos lo que ahora llaman el talón de aquiles del coronavirus, pacientes asintomáticos. -Al menos una buena noticia, en sentido de que nuestra salud permanecía intacta-.

Aun no podíamos cree que mi madre no presentara ningún síntoma hasta ese momento momento, -¿Acaso ella también era un paciente asintomático, teniendo las enfermedades preexistentes calificadas como de alto riesgo?-, -¿Era posible que aun no se hubiese contagiado?-, -¿Sera que es alguno de esos casos que desafía a la ciencia?-, eran la interrogantes que rondaban mi cabeza, a pesar del asombro, solo podía cerrar mis ojos y agradecer a Dios, y permanecer positivo.

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Experiencias dolorosas del coronavirus

No podíamos bajar la guardia constante, de todas las experiencias antes consultadas el sexto día siempre era el mas temido y mi papa se encontraba en el quinto:

Maria una amiga conocida acá en el país donde resido, relata que su padre después cinco días de combatir contra el coronavirus, al sexto día parecía que estaba mostrando un buen avance en su recuperación, sin embargo al llegar la noche, su padre empeoro, obligandola a salir de su hogar al hospital mas cercano en búsqueda de ayuda.

Pero el agobio no terminaba allí, en busca de que su padre pudiese ocupar una cama en la unidad de cuidados intensivos, se topo con la devastadora noticia de que los pacientes eran seleccionados de acuerdo a sus «condiciones», en su caso dieron prioridad a una persona mas joven para que ocupara la cama en UCI dejando a su papa en la triste agonía al no poder respirar y oxigenar su cuerpo, llegando así el fin de la vida de su padre.

Al escuchar y lamentar su historia solo pensé, -¿Cuando terminara esta pesadilla?-, si bien es cierto, los médicos también certifican que el sexto día es el día donde dos opciones muy importantes se presentan: 1) el paciente puede presentar una mejora o 2) el paciente puede empeorar, pues es el día donde la neumonía comienza aparecer. La noche fría del quinto día paso lentamente, no podía conciliar el sueño, trataba de aislar todos los malos pensamiento, trataba de apagar mi mente de alguna manera para recobrar fuerzas y alistarme para la batalla que podría o no librarse el día siguiente, solo pensaba en que todo esto acabara pronto, cerré mis ojos y poco a poco logre quedarme dormido…

Continuara…

Lee la primera parte aquí; Coronavirus – Pandemia lejos de casa

3 comentarios en “Coronavirus – lejos de casa II parte

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